
¿Por qué no podemos tener un cuerpo de repuesto?
Un día, cuando me ejercitaba en uno de los parques de la ciudad, vino a mi mente la pregunta… ¿Por qué no podemos tener un cuerpo de repuesto? Pregunta muy fantasiosa, por cierto, pero la realidad es que a muchas personas que sufren enfermedades y dolencias físicas, les gustaría tener uno, para "salir" de ese cuerpo dañado y "entrar" en el nuevo "repuesto". ¡Cuántas no solucionarían sus problemas!
Con la pregunta, también vino la respuesta: ¡Pero si ya tenemos un cuerpo que podemos cambiar por otro mejor! ¡Imagínense! Dos cuerpos en uno, o siendo más exactos, uno que podemos transformar en otro igual, pero "mejor". Algo difícil de creer, pero que es verdad: nosotros, si queremos, podemos transformar nuestro cuerpo, o hacer que se mantenga siempre en buena forma a pesar del paso de los años.
"Si queremos, podemos transformar nuestro cuerpo, o hacer que se mantenga siempre en buena forma a pesar del paso de los años."
Claro, existen patologías médicas en las cuales esto es difícil de lograr, por lo que me referiré a dolencias de tipo degenerativo como aquellas producidas por el sedentarismo y los malos hábitos de vida, que probablemente sean la mayoría.
Imaginemos como esto puede suceder. Pensemos en una persona de 40 años de edad, con 10 kilos de sobrepeso, sedentaria, con dolencias en las rodillas, el pie o en la espalda, tensión arterial ligeramente elevada —por ejemplo: 150/90 mmHg—, niveles de Colesterol, Triglicéridos y Glicemia elevados, e igualmente, altos signos de ansiedad por el estrés diario. Un buen día esta persona, cansada de tomar medicamentos para afrontar todos sus "males", toma conciencia de su estado y decide "cambiar" su cuerpo.


Lo primero que hace es buscar asesoría médica en materia nutricional, y más que hacer una dieta rígida y estricta, decide aprender a conocer los alimentos, los nutrientes que necesita y en qué cantidades, dónde buscarlos, qué alimentos no debe comer en exceso, cómo controlar su ingesta diaria, cuántas veces comer al día, cómo controlar su peso a través de las comidas. En otras palabras, cambia sus hábitos dietéticos por una alimentación más sana y equilibrada, no por unos meses, sino para toda la vida.
Otra de las cosas que hace es que decide planificar su tiempo para dedicarse unas horas a la semana a comenzar un programa de actividades físicas que incluya ejercicios aeróbicos, ejercicios de flexibilidad y ejercicios con pesas, un programa bien dirigido y diseñado para su estado físico actual, que tome en cuenta la intensidad, duración, frecuencia, evolución y tipo de ejercicio que su cuerpo necesita. Dicho de otra manera, cambia su sedentarismo por una vida más activa por el resto de sus días.
"Al cabo de varios meses, nuestra persona sentirá estar en otro cuerpo diferente, a pesar de ser el mismo."
Al cabo de unas semanas comienzan a aparecer los signos de su nuevo régimen de vida, manifestación de los cambios adaptativos de su organismo. Inicialmente su peso corporal va disminuyendo un promedio de 500 gramos a un kilo por semana producto de la modificación de su ingesta calórica. La pérdida de peso "alivia" la carga sobre sus tobillos, rodillas y columna vertebral, contribuyendo a la curación de sus molestias en esas zonas. Los niveles de Colesterol, Triglicéridos y Azúcar sanguínea se modifican con tendencia a la normalidad, como consecuencia del cambio de hábitos alimentarios.
El ejercicio aeróbico que practica —caminar, nadar, bicicleta fija, ejercicios en gimnasio u otros— ayuda a quemar más grasas como combustible y por esto disminuye también el peso corporal. Paralelamente, la actividad aeróbica produce una disminución de la resistencia periférica, es decir, mejora el funcionamiento de los vasos capilares sanguíneos, permitiendo una disminución de la presión arterial.
A nivel del corazón, se observa un fortalecimiento de las fibras musculares que se manifiesta con un mejor y más fuerte "bombeo" de la sangre, por lo que el corazón necesita menos veces para contraerse y disminuye la frecuencia cardíaca. Por ejemplo: si antes el corazón latía 80 latidos por minuto ahora, con la adaptación, baja a 70 o menos latidos por minuto. Esto lo llevará a realizar más trabajo, con menos fatiga, es decir, tendrá más energía.
Los ejercicios a cuerpo libre o calisténicos, al mejorar la flexibilidad general, permiten a las articulaciones realizar movimientos más amplios y fluidos, contribuyendo a curar las dolencias articulares. Los ejercicios con sobrecarga —ligas, pesas, balones medicinales, equipos de multifuerza, u otros— favorecen el desarrollo muscular, logrando un aumento en la fuerza y la potencia. Paralelamente, con el apoyo de la alimentación sana, propician una mejor estética corporal, que contribuye a elevar la autoestima y favorece una mejor disposición ante la vida.
Al cabo de varios meses, nuestra persona "sentirá estar en otro cuerpo" diferente, a pesar de ser el mismo. Habrá logrado gracias a su fuerza de voluntad el cambio que deseaba. Claro está que existe la variabilidad individual, y cada persona es diferente; por tanto, las modificaciones fisiológicas dependerán de su contextura física, de su disposición para el cambio, de su persistencia para alcanzar metas, entre otras cosas. Pero lo importante es saber que "si queremos, podemos cambiar nuestro cuerpo por otro mejor".











